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Busca, en
el interior de tu ser, el camino.
Hay un horizonte infinito en tu esencia.
Reencuéntrate, ve y anda, no temas...
Desata tus nudos y sé libre como el pájaro, pósate sólo donde lo
sientas, y luego vuelve a volar.
No encasilles tu destino solo con palabras, di lo que sientas decir y que
tú silencio se haga entender.
Fluye, elévate, camina. Tu misión es ser lo que sientes, sin dudas. Entrégate
a tu destino, todo emana espontáneamente cuando se abren las compuertas
del corazón.
Aprende de todos, busca las esencias. Madura. Sé profundamente sensible.
No cedas; los dones no se te darán hasta que no los merezcas.
Haz una pausa, un silencio y asume tu rol espiritual. No pierdas el
tiempo, no malgastes semillas que nunca darán frutos. Sé tu mismo: poeta
y profeta, libérate...
Evita todo
lo superfluo: la hipocresía y la falsedad, la mentira sofisticada; evita
los malos entendidos y muestra tu alma en todas tus acciones. ¿La verdad?
Ya no importa, lo importante es el grado de transparencia que tú tengas.
Si al desnudarte frente a la vida ves tus defectos, piensa que eres
humano, perfecta es tú imperfección ¿Por qué vestirse, entonces, con
tantas ataduras y cubrirse? ¿De quién, de qué?
Mira a tu alrededor ¿Acaso se cubre la naturaleza? ¿Acaso el sol desnudo
no irradia la más pura luz?
¿Para qué tantas palabras? Son como vestiduras sutiles, pero vestiduras
al fin. ¿Si pudiéramos desnudarnos todos y mirarnos?
Escribo desnudo, desde mi alma, sin tapujos ni apariencias, así soy yo,
feo, lindo..., la belleza que me inspira es la autenticidad.
¿A que lleva el amor sino a desnudarte frente al ser amado?
¿Acaso los ojos no están desnudos, cuando están abiertos?
¿Acaso la boca no se desnuda en la palabra?
Pon el corazón al desnudo, abre tú boca, recuerda, muestra tus palmas y
haz lo que sientas.
La verdad está esperando al amor...
Escucha el
murmullo interior que te acompaña. No temas a la locura, no existe tal,
solo es invento de locos.
Abre tus ojos, presta oídos a tu alrededor, sensibiliza tu piel ¿No es
acaso toda la creación libre? ¿Cuál es tu esclavitud? ¿Sólo una idea,
una emoción? ¿Por qué no ser libre tú también?
¡Oh alma mía!
A ti te busco, a ti te anhelo, perdido estoy sin tu compañía, como en la
oscuridad, el vacío y el abismo. Un abismo insondable hacia mí mismo.
¡Oh alma mía! ¿Por qué el olvido es mi recuerdo? ¿Por qué a veces
estoy tan distraído de ti? ¿Acaso te temo? ¿Es tan terrible tu
presencia?
Pero cuando caminamos juntos, siento una plenitud total, sin temores,
libre y cierto.
Mas, antes de que estés presente en mí, pienso, dudo, temo; pero al
final comprendo que tú eres lo mejor que me ha sucedido. Previo a la
revelación se revoluciona mi ser.
Entra alma mía, ven a mí e inunda las puertas de mi percepción, para
que pueda ver más allá de los velos, las máscaras y los telones del
teatro humano. Que pueda ver la vida tal cual es, sin abismos.
¡Oh alma mía! Un niño soy frente a ti; sediento de pecho y caricias.
A veces,
momentos sombríos invaden nuestra conciencia, como una noche fría y
oscura que nos impide ver con claridad las cosas.
Épocas de angustia y de caos interno. Confusión, vacío y desorden.
Como arenas movedizas cuando más tratamos de escapar y salir de ellas,
mas nos hundimos en el fango de la materialidad.
Son situaciones sombrías que nos acechan desde el fondo de nosotros
mismos.
Se nos contraen los músculos, se excita el ritmo de nuestro corazón, se
nublan los ojos y el dolor brota por todos los rincones del cuerpo.
La apatía nos embarga, el desinterés y el mal humor nos invaden desde
dentro.
En estos momentos, todo se torna superfluo y frívolo, lo aprendido, las
buenas experiencias vividas, el amor...
Algunos llegan a pensar hasta en la muerte, como fin a este infierno.
Pero ¿Acaso el paraíso no está en el centro del infierno? O sea, ¿el
fondo del pozo en el cual estamos no será un último paso a la
posibilidad de liberación? ¿No es cierto de que no hay mal que por bien
no venga? ¿No es todo para bien?
Sé que es difícil ¿Quizá deberíamos llegar hasta la última penumbra,
pues más allá de ella está la luz? Fluir con la oscuridad para comenzar
a brillar desde nosotros mismos? Y que nuestro rostro en la eternidad
emane claridad.
Si es que
somos verdaderos místicos, no lo somos en el sentido estricto
tradicional. Somos místicos sin tradición fija, místicos de una época
donde las tradiciones se ajustan al ritmo de vida contemporánea. Místicos
renovadores.
Somos místicos del camino y no de metas ya establecidas.
Judíos, cristianos, reformistas, islámicos; Oriente y Occidente.
La transición entre Oriente y Occidente creó un crisol de tradiciones,
que culminó deshaciéndolas. Hay seres en el mundo, como un sólo pueblo,
una Aldea Global llamada Tierra. En este sentido somos ciudadanos de un
mismo planeta y del Universo.
Las iluminaciones que somos capaces de intuir tienen que ver con este
presente, con este aquí y ahora.
El misticismo contemporáneo es estrictamente universal. Como lo fue
siempre en su esencia. Es amorfo, transcultural, se gesta en las
concepciones culturales pero las trasciende.
¿Adónde nos llevará esta nueva iluminación? No lo sé. ¿Tal vez a
crear una nueva tradición con el tiempo?
Tradición y renovación juegan un juego interminable en el escenario del
espíritu.
Cuando me
embarga el éxtasis del amor, todo luce hermoso. Siento el atractivo
espiritual de las cosas más simples. Una hoja sostenida por el viento se
me asemeja a una danza elevadísima. Un abrazo, al encuentro milenario
entre almas. La risa, a la alegría.
Pero también el dolor ajeno es mi dolor. El éxtasis sana pero por
contagio de luz y presencia.
Cuando me embarga el éxtasis del amor, todo se torna traslúcido,
transparente, sin cáscaras. ¿No será que las cáscaras le pertenecen a
la percepción?
Por eso, cuando quiero ser en éxtasis, cierro mis ojos, abro mi corazón
y abandono las cáscaras que como muros opacan mi conocimiento.
A esto le han llamado percepción pura, inmediata y trascendente, aunque
también es directa sin intermediarios, ni siquiera los nuestros.
Trasciende
la semilla que da frutos con nuevas semillas.
Trasciende la tierra cuando un terremoto hace nacer una nueva montaña.
Trasciende un ser humano con sus obras.
La trascendencia está más allá de descender o ascender pero las
contiene.
¿Qué es lo que trasciende de ti?
Todo lo que nace morirá y todo lo que muere volverá a nacer.
¿Qué es lo que nunca nace ni muere?
Ione Szalay
Textos de Poesía Profética
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