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Cosas para no olvidar
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1: Donando sangre Hace
muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Buenos
Aires, conocí a una niñita llamada Isabel, quien sufría de una extraña
enfermedad. Su única oportunidad de recuperación aparentemente era una
transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien había
sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado
anticuerpos necesarios para combatirla. El médico explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: -Si, lo haré, si eso salva a Isabel-. Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonreía mientras nosotros asistíamos a ambos, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Pero
al rato la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró
al médico y le preguntó con voz temblorosa -¿A qué hora empezaré
a morirme?- Siendo
solo un niño, no había comprendido al
médico, pensaba que le daría toda su sangre a su hermana... ¡Y aún así
se la daba! Da todo por quien ames. Actitud, después de todo, es todo. 2: El
helado Hace
unos días, un niño de alrededor de 10 años entró en una heladería y
se sentó en una mesa. La camarera puso un vaso de agua en frente a
él. -¿Cuánto
cuesta un cucurucho de helado de chocolate?-, preguntó el niño. – Dos pesos cincuenta-, respondió la camarera. El niño sacó una mano de su bolsillo y examinó una cantidad de monedas... -¿Cuanto
cuesta un helado de chocolate en vasito?-, volvió a preguntar. Algunas
personas estaban esperando ser atendidas y la camarera ya estaba un
poco impaciente. -¡Dos
pesos!-, le contestó bruscamente. El niño volvió a contar las monedas... -
Entonces quiero el helado en vasito-, dijo el niño. La camarera le trajo el
helado, puso el ticket en la mesa y fue a atender otras mesas, refunfuñando
por el tiempo que le había hecho perder el niño. Éste
terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Poco después la camarera
llegó a la mesa que el niño había ocupado, para limpiarla, y
entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puestos ordenadamente
junto al plato vacío, había
cincuenta centavos... su propina. Jamás juzgues a alguien antes de tiempo. 3: La pregunta más importante Durante
mi segundo semestre en la Escuela de Enfermería, nuestro profesor nos
tomó un examen sorpresa. Yo era una estudiante conciente y leí rápidamente
todas las preguntas, hasta que llegué a la última: ¿Cuál
es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente
esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer
que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta
años, pero... ¿Cómo iba yo a saber su nombre? Entregué
mi examen, dejando la ultima pregunta en blanco. Antes de que terminara la
clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría
para la nota del examen. -Absolutamente-,
dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas.
Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque
solo les sonrían y digan: -¡Hola!- Yo
nunca olvidé esa lección. ¡Ah!, y también aprendí que su nombre era Dorotea... Respeta
a cada ser humano que conozcas, |