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¿DIOSES COSMONAUTAS EN LA MITOLOGÍA GUARANÍ? Escribe
GUSTAVO FERNÁNDEZ Los
"guaraníes" conformaban -conforman- una extendida etnia indígena
que abarca buena parte del actual Brasil, oeste de Venezuela, Ecuador,
parte de Perú, Paraguay y noreste de la actual República Argentina. Nómades,
subdivididos en innumerables tribus, clanes y lenguas, su influencia en
el mundo posthispánico es indubitable. Se estima sus más remotos orígenes
hacia el año 12.000 antes de Cristo, y era obvio esperar que en
semejante lapso de continuidad racial la presencia de extraterrestres
-evidente en otras culturas del orbe- reclamaría su lugar también en
este caso. Así que, estudiando las leyendas y el lenguaje del
pueblo guaraní (cuando menos en las áreas geográficas a las que he
tenido acceso) me cabe la ocasión de señalar algunas analogías
que estimo dignas de interés. Júzguenlas ustedes.
El "yaciyareté" es un geniecillo que
según ese pueblo habitaba en las selvas del noreste argentino, en las
provincias de Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa, describiéndolo
como un ser pequeño, de no más de un metro de altura pero bien
proporcionado, con una larga cabellera rubia que le colgaba hasta la
cintura, vistiendo un ajustado taparrabos y empuñando una "vara
dorada" de su misma altura, aferrado a la cual podía elevarse
a cierta altura durante algunos minutos o bien, mediante un toque de la
misma, prender fuego a lo que le pareciera, inclusive las piedras. Este
ser, cuentan las leyendas, ólía secuestrar niños de un promedio de
cinco años durante dos o tres días, relatando éstos a su regreso que
el ente los había alimentado con unos "dulces" muy
extraños y deliciosos, contándoles insólitas historias sobre las
estrellas y sus hermanos que vivían entre ellas los cuales, aseguraba,
algún día vendrían a buscarlo. ¿Se trataría, quizás, de algún
extraterrestre, náufrago en nuestro planeta, que como un Robinson
Crusoe interplanetario distraía sus horas con los nativos
aguardando el rescate de sus compañeros?. De ser así, ¿fue alguna vez
rescatado?. ¿O sus restos descansan, junto a los de su nave, en algún
punto de la aún hoy inexplorada selva del noreste?.
Es
interesante hacer algunas consideraciones etimológicas, esto es, sobre
la naturaleza de las palabras. El idioma de los guaraníes (cuyo nombre
correcto es "avañeé") es una lengua de yuxtaposición,
de donde se puede descomponer un término en otros individuales con
significado. Así, "yaciyateré" es una deformación,
con el tiempo, de "Iasi-ya-te-mbé". "Iasy"
suele traducirse como "luna", pero en realidad es "I-asy"
o "cosa luminosa del cielo". En cuanto a "Ya"
("i-á") describe a la "serpiente" o, mejor aún,
a un "movimiento serpenteante", mientras que "Te"
se adjudica a "brusco", "sorpresivo". "Re"
en tanto, juega el papel de giro advocativo de "Mbé"
cuando se yuxtapone al final de una expresión.
"Mbé" significa "salido de" o
"nacido de". con lo cual tenemos: "El ser salido de
una cosa luminosa que se desplaza con movimientos bruscos (¿zigzagueantes?)
por el cielo".
Más concretamente en Corrientes se le llama, desde tiempos
inmemoriales, "Pombero". Analizando la palabra,
tenemos: "Po", "campana"; "Mbé"
es, como ya viéramos, "salido de", mientras que "Ro"
es "chato", "bajo".
Es decir, "el ser salido de una campana
achatada" en obvia relación con una de las formas más
habituales de lo que conocemos como OVNI. Incidentalmente, es
interesante acotar que la "vara", llamada "verá",
significa "brillante". Quizás el accidente de un OVNI
Los
hombres de los conquistadores Solís y Gaboto, asombrados por la
presencia de trozos de metal brillante y plateado colgando como amuletos
del cuello de algunos indígenas -y sospechando que podría tratarse de
plata, si bien dejan constancia, asombrados, de la "liviandad del
metal"- inquieren a sus traductores sobre la procedencia del mismo.
Obsérvese que en la crónica escrita de ambas expediciones se señala
la aparente procedencia artificial de los objetos, por su aspecto de
trabajados. Los indígenas interrogados responden con la expresión "mbaé
verá guasú", cuya traducción sería: "Mba"
("recogido de"), "e" ("choza" o
"casa", es decir, algo manufacturado, no una cueva o hueco); "verá"
("brillante") y "guasú"
("grande") lo que nos hace acordar de esta expresión: Yaciretá.
Existe una isla, asiento del complejo hidroeléctrico del mismo
nombre, que así es denominada. En sus playas es aún hoy posible
encontrar unos pequeños objetos arborescentes, de unos dos centímetros,
de arena vitrificada cuyo origen es desconocido, a menos que los
identifiquemos con las famosas "tectitas", esferoides de
vidrio provocado por el gigantesco calor de las explosiones atómicas. "Yaciretá"
puede traducirse como "Yacy" o "Iasy"
("cosa luminosa del cielo"). "Re" (aquí en
el sentido de "Ro" y no "Mbe" pues es aglutinante, y
se interpreta como "achatado") y "Ta" (la
expresión "i-tá" o "itirá" define a un
ente espiritual, compañero dekl hombre que ha hecho un pacto con
duendes o seresw superiores, y por extensión una clase de inteligencia
y una naturaleza "distinta" de la del humano corriente).
En conjunto, debe leerse como: "la cosa achatada y
luminosa del cielo con inteligencia o espíritu" o "la cosa
achatada y luminosa del cielo dirigida inteligentemente" o
"con inteligencia" (¿tripulantes?).
¿Qué podemos concluir de esto?. Tal vez que en algún
remoto pasado, la isla fue arrasada por la caída de un gigantesco navío
interplanetario o, como sugieren ciertos estudiosos, hasta su propio
origen puede deberse al cataclismo provocado por una gigantesca explosión,
tal vez originada en sus propulsores, ya que la geología de la
Mesopotamia argentina es extraña, exigiendo convulsiones monstruosas de
la tierra en épocas más o menos recientes para explicar su naturaleza.
Esa misma explosión puede haber dejado huella en esas pequeñas
"tectitas" arenosas a que hiciéramos referencia
anteriormente.
Lógicamente y de haber ocurrido, esto tendría que haber
sido impresionante para la mentalidad nativa que, al rescatar algunos
escasos trozos del fuselaje de la nave, lo conservaron como un regalo de
los dioses al pueblo. y si se piensa que el origen de "mbaé
verá guasú" puede encontrarse en meteoritos señalamos, además
de la ubicación geográfica carente de meteoritos, la particular
descripción de los aborígenes: ellos vieron algo plateado, chato,
controlado, que luego -y sólo luego de haberlo visto- se accidentó. Un
meteorito es una bola de fuego que se precipita a tierra, sin ninguna de
las particularidades abundantemente descriptas en la riqueza idiomática
del avañeé. Corresponsales del Cosmos No es tal vez de las evidencias más contundentes, pero es igualmente interesante rescatar otra expresión idiomática: la de "arandú", que en general se aplica al "brujo" pero no al curandero común sino al que, bajo exaltación mística, se comunica con los dioses, el "chamán". Textualmente, la palabra significa "el que escucha cosas del cielo". |