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La verdadera sal, la marina rica en minerales es
víctima de un prejuicio por causa de su sustituto, el cloruro de sodio o sal de mesa de origen
industrial
En la antigüedad la sal era un elemento escaso y valorado, hasta tal punto que
lo utilizaban como moneda. Los soldados romanos recibían una paga en
granos de sal, este es el origen de la palabra “salario”. La sal se
empleaba para conservar alimentos y evitar la deshidratación causada por
altas temperaturas o la actividad física intensa. La sal natural, como la
que proviene del mar, aporta también decenas de minerales que en pequeñas
cantidades necesita el organismo para su adecuado funcionamiento y la
formación de huesos, sangre y tejidos.
En la actualidad, la industria produce grandes cantidades de sal
químicamente aislada (cloruro de sodio) a bajo costo, pero desprovista de
minerales. El consumo de esta sal artificial que suele ser un subproducto
de la fabricación de celulosa provoca afecciones cardíacas y renales. En
estos casos la sal puede sustituirla por jugo de limón, sal de apio o sal
marina sin cloruro de sodio (se comercializa en forma líquida). Los
alimentos refinados y desvitalizados como sal, azúcar, aceite, leche o
cereales provocaron un incremento de enfermedades y una aversión a
consumir estos productos.
Las sales minerales son indispensables para la nutrición y crecimiento del
individuo y las encontramos principalmente en los alimentos de origen
vegetal, agua de montaña, como también la leche y huevos. Para que el
cuerpo pueda asimilar estas sales deben ser naturales de lo contrario se
eliminan tan pronto como se ingieren. Esto es lo que ocurre con los
cereales y lácteos “fortificados” artificialmente con minerales o con
algunos preparados farmacéuticos. Por ejemplo, el agregado de hierro causa
la destrucción de vitaminas y el de fósforo puede provocar la sustracción
de hierro y calcio.
Durante su crecimiento, los niños necesitan incorporar alimentos con
abundante contenido de sales minerales tales como hierro, calcio, fósforo,
magnesio, sodio y potasio, así como otros llamados oligoelementos que se
requieren en proporciones bajísimas: cobre, oro, flúor, litio, bismuto,
plata etc. El fósforo es indispensable para la calcificación de los huesos
y la formación de células sanguíneas y nerviosas. El azufre es necesario
para la formación de huesos, tendones y dientes. Se sabe que la asociación
de cobre, oro y plata produce una policatálisis que parece estar implicada
en los fenómenos de autodefensa y que en las zonas donde abunda el
magnesio y la sílice hay menos casos de cáncer.
Cuando falta las sales naturales surgen diversas enfermedades y
deficiencias como anemia, raquitismo, tuberculosis, reblandecimiento y
deformaciones óseas, caries, etc.
Las deficiencias en la alimentación que padecen las clases acomodadas y la
desnutrición de los más pobres tiene el mismo origen: Un modelo económico
que privilegia el lucro y la acumulación por encima de la salud y la
cultura de las naciones. Hasta que este sistema no cambie, la
autosuficiencia es un camino válido para contrarrestar sus consecuencias
negativas. Por eso predicamos una recuperación de los conocimientos
ancestrales y una vuelta a producir nuestros propios alimentos frescos. En
este marco reivindicamos la obtención directa de sal natural en minas de
sal gema, salinas y playas tal como lo realizó el Mahatma Gandhi en la
célebre “marcha por la sal”.
La sal marina contiene 98,5% de cloruro de sodio y 92 valiosos elementos
minerales. El método más simple para obtenerla es raspar los huecos de
rocas costeras o por evaporación de agua de mar –no contaminada- con la
ayuda de un secador solar, un simple plano inclinado de vidrio sobre una
batea de madera, acero inoxidable o metal enlosado. La producción será
escasa pero la satisfacción inmensa.
La verdadera sal, la marina rica en minerales es víctima de un prejuicio
por causa de su sustituto, el cloruro de sodio o sal de mesa de origen
industrial. En la antigüedad la sal era un elemento escaso y valorado,
hasta tal punto que lo utilizaban como moneda. Los soldados romanos
recibían una paga en granos de sal, este es el origen de la palabra
“salario”. La sal se empleaba para conservar alimentos y evitar la
deshidratación causada por altas temperaturas o la actividad física
intensa. La sal natural, como la que proviene del mar, aporta también
decenas de minerales que en pequeñas cantidades necesita el organismo para
su adecuado funcionamiento y la formación de huesos, sangre y tejidos.
En la actualidad, la industria produce grandes cantidades de sal
químicamente aislada (cloruro de sodio) a bajo costo, pero desprovista de
minerales. El consumo de esta sal artificial que suele ser un subproducto
de la fabricación de celulosa provoca afecciones cardíacas y renales. En
estos casos la sal puede sustituirla por jugo de limón, sal de apio o sal
marina sin cloruro de sodio (se comercializa en forma líquida). Los
alimentos refinados y desvitalizados como sal, azúcar, aceite, leche o
cereales provocaron un incremento de enfermedades y una aversión a
consumir estos productos.
Las sales minerales son indispensables para la nutrición y crecimiento del
individuo y las encontramos principalmente en los alimentos de origen
vegetal, agua de montaña, como también la leche y huevos. Para que el
cuerpo pueda asimilar estas sales deben ser naturales de lo contrario se
eliminan tan pronto como se ingieren. Esto es lo que ocurre con los
cereales y lácteos “fortificados” artificialmente con minerales o con
algunos preparados farmacéuticos. Por ejemplo, el agregado de hierro causa
la destrucción de vitaminas y el de fósforo puede provocar la sustracción
de hierro y calcio.
Durante su crecimiento, los niños necesitan incorporar alimentos con
abundante contenido de sales minerales tales como hierro, calcio, fósforo,
magnesio, sodio y potasio, así como otros llamados oligoelementos que se
requieren en proporciones bajísimas: cobre, oro, flúor, litio, bismuto,
plata etc. El fósforo es indispensable para la calcificación de los huesos
y la formación de células sanguíneas y nerviosas. El azufre es necesario
para la formación de huesos, tendones y dientes. Se sabe que la asociación
de cobre, oro y plata produce una policatálisis que parece estar implicada
en los fenómenos de autodefensa y que en las zonas donde abunda el
magnesio y la sílice hay menos casos de cáncer.
Cuando falta las sales naturales surgen diversas enfermedades y
deficiencias como anemia, raquitismo, tuberculosis, reblandecimiento y
deformaciones óseas, caries, etc.
Las deficiencias en la alimentación que padecen las clases acomodadas y la
desnutrición de los más pobres tiene el mismo origen: Un modelo económico
que privilegia el lucro y la acumulación por encima de la salud y la
cultura de las naciones. Hasta que este sistema no cambie, la
autosuficiencia es un camino válido para contrarrestar sus consecuencias
negativas. Por eso predicamos una recuperación de los conocimientos
ancestrales y una vuelta a producir nuestros propios alimentos frescos. En
este marco reivindicamos la obtención directa de sal natural en minas de
sal gema, salinas y playas tal como lo realizó el Mahatma Gandhi en la
célebre “marcha por la sal”.
La sal marina contiene 92 elementos y tiene un sabor muy agradable. El
método más simple para obtenerla es raspar los huecos de rocas costeras o
por evaporación de agua de mar –no contaminada- con la ayuda de un secador
solar, un simple plano inclinado de vidrio sobre una batea de madera,
acero inoxidable o metal enlosado. La producción será escasa pero la
satisfacción inmensa.
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