Para el año 1675, los métodos químicos imaginados hacía ya un siglo por Paracelso para determinar las características de la orina de los diabéticos, aún no habían podido ser precisados... entonces, con esa practicidad tan típica de los ingleses, el Dr Thomas Willis informó: "he comprobado que estos pacientes tienen su orina con un sabor como impregnadas de azúcar".
Aunque señalada bastante precisamente ya en los papiros de Ebers, unos 5500 años A.C. y "para no variar" también descripta hace más de 3 siglos por los chinos, la Diabetes recién es definida en Occidente en el siglo XIX como de carácter familiar, más común en las mujeres y en los obesos y presentando un signo típico: aumento del azúcar (glucosa) en la sangre y en la orina.
Pero recién en 1922 dos médicos canadienses consiguen aislar la sustancias segregada por las células beta del páncreas, la insulina, cuya disminución o falta determina los distintos grados de la Diabetes. Tan importante se consideró el descubrimiento, que los Dres. Banting y Best, fueron galardonados con el premio Nobel en Medicina.
Es que la diabetes es una enfermedad muy importante y bastante difundida (la padecen el 8% de los mayores de 65 años - casi el 30 % si son obesos). Lamentablemente, el control de los niveles de glucosa en sangre mediante la inyección de insulina o con los modernos diabetógenos orales, impide solo en grado menor al esperado las temidas consecuencias de la enfermedad: envejecimiento precoz, ceguera, arteriosclerosis coronaria, cerebral y de los miembros inferiores, e impotencia en los hombres.
Sucede que en la Diabetes se da también la deformación terapéutica basada en suprimir los síntomas pero no la razón del mal, por lo que tánto se confunden los síntomas con la enfermedad misma... El signo es la glucosa elevada, pero la glucosa no la enfermad en sí; más aún, ni se ha podido determinar que en sí sea dañina. Es como una luz roja en el tablero del automóvil: no es en sí el defecto, solo una señal. Con apagar la luz no se arregla el problema. Con hacer bajar la glucosa no se cura la diabetes...
En los últimos años, en los centros de estudios biológicos más adelantados del mundo se está ensayando el cultivo de células beta del páncreas. Se sabe que, inyectadas, revitalizan y/o reemplazan a las células deficientes del paciente. O sea: se estudia la posibilidad de practicar Celuloterapia con cultivos celulares específicos.
Está demostrada desde hace más de 70 años la acción de la inyección de células fetales, o Celuloterapia. Sus moléculas son reconocidas y empleadas por las células homónimas deficientes, para su regeneración. Es una posibilidad real, sin contraindicaciones, y al alcance de quien lo quiera.
La inyección de células de páncreas, testículo, retina, arteria-vena, y otras, apoyada por una dieta estricta (aunque no exactamente igual a la clásica empleada), si bien no curan absolutamente, mejoran sí en mucho el cuadro diabético, detiene su progresión, y otorgan siempre una mejor calidad de vida.
Dr. Néstor Horacio Frattini
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